EN | ES

Cambio y Transformación: ¿por qué no son lo mismo?

“Cambiar o no cambiar” – América Retail

¿Por naturaleza la gente es resistente a los cambios? La verdad y los estudios lo confirman, las personas se resisten a las pérdidas que los cambios traen. En una evaluación -algunas veces racional y muchas otras inconsciente-, ponemos en la balanza las ganancias y las pérdidas de un cambio cualquiera. Y cuando las últimas superan a las primeras, aparecen las “resistencias”.

Frente a la ya terminada huelga de Walmart donde aparecieron las amenazas del mundo digital, frente a cuarta revolución industrial, o al amigo que ha perdido el trabajo a media carrera y se está demorando más de lo que esperaba en re-emplearse se nos aparece un escenario nuevo y desafiante que exige una mirada social de parte del estado, las empresas y los sindicatos, entre otros.

Pero antes que todos ellos, parece prudente tomar también acciones personales en miras a adaptarse, actualizarse, y utilizar todos los medios que tengamos a nuestro alcance para progresar. La transformación digital vino para quedarse y ante ello cualquiera sea el rol que cumplamos en una empresa, es necesario mirar para el lado y entender qué está pidiendo el mercado a personas como yo.

Para comenzar tenemos el tema de “lo digital” donde existen diversos tipos de brechas. A veces será lo básico, otras serán cosas más complejas. Quizás a una persona de trabajo no calificado hoy se le pide que sepa usar Excel. Pero al ejecutivo de marketing se le está pidiendo que sepa de software predictivo, que tenga buen gusto, que lea mucho, que sepa de plataformas digitales, que tenga sus propios perfiles activos en redes sociales y que converse y entienda a los nuevos consumidores. Del gerente general se espera más capacidad de facilitar, que sea un habilitador de equipos en miras a que todo funcione más rápido. Que delegue más, para liberar tiempo y que ponga foco con mayor importancia en el futuro entendiendo que los cambios son ahora.

Pero existe una segunda derivada de la transformación digital, un poco más compleja, y es la forma como se está reconfigurando el trabajo. No solo es el reemplazo de ciertas actividades realizadas por personas al uso de máquinas o robots. Pasa por el entendimiento de las organizaciones y sistemas laborales. Sistemas donde la palabra flexibilidad es todo.

Esto significa que la “carrera para toda la vida”, que “el trabajo hasta que me jubile”, que “la seguridad que me da la empresa” son conceptos en extinción. Cada vez es más común que los proyectos cambien de dirección, que las necesidades de mercado se transformen, y que las competencias que aprendí hoy, me sirvan solo para hoy. Mañana necesitaré otras.

En este contexto nuestra transformación personal es clave. ¿Qué tan preparados estamos? ¿Sabemos qué hacer si perdemos nuestro actual trabajo? ¿Sabemos reconfigurarnos para seguir agregando valor desde nuestra profesión u oficio, si las cosas que hoy nos resultan exitosas dejan de serlo? ¿Estamos invirtiendo en estudios o leyendo libros que nos ayuden en aquello que no somos competentes aún? ¿Tenemos plan B?

El primer cambio debe comenzar por casa, y debe hacerse con tenacidad, porque el camino no es fácil. La dificultad es similar al fenómeno que se presenta cuando queremos mejorar nuestro estado físico o bajar de peso: depende de cada uno, hace muchísimo sentido, pero no lo hacemos. Y es que aprender, gastar tiempo, sentirse incompetente, sentir que no avanzamos o sentir miedo por el futuro, son pérdidas muy comunes y concretas que muchas veces nos paralizan.

El desafío es empujarse uno mismo con suficiente convicción para dar el paso. La política pública esperamos llegue y pronto. Y en el intertanto, tomemos el destino en nuestras manos con lo que tengamos disponible, empecemos a hacer los cambios necesarios.