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Cambio y Transformación: ¿por qué no son lo mismo?

¿Cambios radicales o graduales? – El Mercurio

Carolina Yachan
Socia CLA Consulting

Columna para El Mercurio

No hay duda alguna: el Presidente Milei optó por la radicalidad a la hora de llevar adelante los cambios que prometió en su campaña para sacar a Argentina de la crisis en que se encuentra. ¿Tenía opción? Por supuesto, la gradualidad, como lo hizo Mauricio Macri antes, pero sin mucho éxito. Quizás eso mismo convenció a Milei de que esta vez debía ser por el camino de la radicalidad, aunque nadie asegura que vaya a ser exitoso, y muchos apuestan a que no pasará del año en el cargo.

De hecho, el nivel de aprobación de Milei va a la baja, las manifestaciones de rechazo a las medidas tomadas van al alza, y ya se prevén trabas importantes en el Congreso y en el Poder Judicial para hacerlas efectivas. No es posible hoy afirmar con certeza qué habrá pasado de aquí a fin de año, pero sí es interesante plantearse la pregunta de si la estrategia de cambio de Milei es la adecuada o no, porque esta disyuntiva entre radicalidad y gradualidad no solo la enfrentan los políticos, sino que también quienes dirigen empresas. 

En principio, lo más efectivo suele ser optar por la gradualidad. Los cambios traen potencialmente beneficios, y por eso los impulsamos, pero también conllevan pérdidas, y eso es lo que genera la llamada resistencia a los cambios. La gradualidad es una vía a través de la cual las pérdidas se absorben más fácilmente, porque hay tiempo para ponerlas en contexto y para generar las adaptaciones que nos permitan pararnos frente a una nueva realidad. Tiene el riesgo, por cierto, que permita la dilución de los esfuerzos de cambio y que todo termine en nada. 

La radicalidad no tiene el riesgo de diluirse, pero sí de generar un nivel muy alto de anticuerpos que sea capaz de detener el cambio y abortarlo. ¿Cuándo es posible usar la radicalidad? En las crisis, como la que Argentina vive ahora. Es en estos momentos que las personas están dispuestas, por angustia y desesperanza, a asumir costos más altos para poder salir del hoyo. Al fin y al cabo, es tan mala la situación en la que se está que no hay mucho más que perder. Sin ir más lejos, las restricciones a nuestra libertad que los ciudadanos de todo el mundo estuvimos dispuestos a aceptar durante la pandemia no habrían sido posibles en tiempos normales. 

Pero no basta con que haya una crisis solamente. Se requiere forjar alianzas con más grupos o personas que tienen poder para sostener las medidas radicales y evitar que los más vociferantes las boten. En una empresa el Directorio y el Comité Ejecutivo deben actuar como una verdadera coalición para avanzar en un cambio así, incluso muchas veces de la mano de algún sindicato. Para Milei esa coalición está en la alianza con el macrismo y algunos independientes, y está por verse si será lo suficientemente sólida para enfrentar lo que viene.