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Colombia: Orquestar el conflicto

Luis Ernesto Araujo, socio en Colombia, reflexiona sobre las resistencias que generan los cambios y el diálogo como vía de solución ante la actual crisis que vive su país.

Las últimas semanas en Colombia han sido de caos y confusión. La sucesión de hechos de diversa índole (políticos, económicos, sociales y violentos), dejan sentimientos de zozobra, incertidumbre y desesperanza. ¿Qué hacer?

“Preocupado por el país”, es la frase que más he oído las últimas semanas. Luego, mis interlocutores intentan explicarme, a través de una seguidilla de informaciones incompletas, y mayoritariamente deshiladas, cuál es, a su parecer, la causa y la solución de todo esto. Sin embargo, la explicación empieza con mucho ímpetu pero cuando intentan llegar a la parte de las soluciones cierran con “no se como va a terminar todo esto”.

Sin embargo, hay una propuesta, que quizás por sencilla muchos han desestimado: Dialogar. Si me está leyendo por favor no desestime la idea tan rápidamente. Gracias. Entra el concepto de la “olla a presión”.

El fuego de la olla proviene de que hay muchísimo en juego en este momento. Económicamente, la estabilidad de las finanzas públicas y de la moneda. Socialmente, la materialización del impacto de la pandemia sobre millones de personas que la están pasando muy mal. Políticamente, la imagen de personas, partidos y movimientos políticos que aspiran a mayores cuotas de poder en los procesos electorales de 2022. Todo ello significa que estamos inmersos en, no uno, sino varios procesos de cambio adaptativo simultáneamente.

El trabajo adaptativo que requieren los procesos de cambio generan mucha tensión, producto de las potenciales o reales pérdidas que los involucrados puedan tener. Y los seres humanos no estamos hechos para querer pérdidas, entonces nos resistimos a ellas. ¿Incluso violentamente? Desafortunadamente si. Las personas no nos resistimos al cambio sino a las pérdidas que puedan venir con él.

¿Qué hacer? Para procesar las pérdidas se requiere un proceso. Sí, de Diálogo. Y el proceso requiere una estructura fuerte, como las paredes de una olla a presión, que a pesar del fuego y el calor, sean capaces de sostener a los ingredientes dentro de la olla, mientras intercambian sabores entre unos y otros.

En términos concretos, es el momento de utilizar la institucionalidad de la Presidencia, para convocar a quienes tienen mucho que perder, a tramitar esas pérdidas, pero conectados con un propósito de país. No será fácil. Si el liderazgo fuera anunciar sólo cosas positivas sería muy fácil. Pero ejercer liderazgo es enfrentar los problemas en lugar de evadirlos. Y en casos como el que nos ocupa, ello significa repartir pérdidas.

Pienso que hay dos dificultades inmediatas que resolver. La primera, bajar el fuego de la violencia en las calles. Esa violencia representa un fuego que supera la capacidad de resistencia de la olla actual. La segunda, crear un gabinete que represente más generosamente la diversidad de actores que están protestando pacíficamente, y otros representantes de la sociedad. Ese gesto presidencial, de que él también está dispuesto a aceptar pérdidas, quizás sería el mensaje para lograr que los otros ingredientes que necesita la olla, acepten la invitación a dialogar.

Los problemas que debemos abordar como sociedad requerirán que todos estemos dispuestos a aceptar pérdidas. No será cuestión de unas cuantas reuniones. Por la dimensión del descontento, creo que será un proceso largo y complejo. Por los principios que ha sostenido el presidente de la República desde que inició su gobierno, tengo esperanza de que se pueda hacer y sostener este proceso de cambio adaptativo.