EN | ES

Cambio y Transformación: ¿por qué no son lo mismo?

El modelo sí puede tocarse – Diario Financiero

Juan Carlos Eichholz
Columna para el Diario Financiero

Analista y consultor de empresas, dice que algo positivo que puede derivar de este conflicto es que haya cada vez más empresarios dispuestos a darse cuenta de que cuestionarse ciertas cosas no es destruir las bases de lo que han construido.

‘No es copiar y pegar’. El analista y consultor de empresas Juan Carlos Eichholz afirma que el nuevo escenario que vive el país exige ‘entendernos y desarrollar una receta propia’, porque, entre otras peculiaridades, lo que ha pasado en las últimas semanas se da en un contexto de ‘falla estructural’ muy singular de la sociedad chilena: una desigualdad que no se da en ningún otro país que tenga el mismo nivel de desarrollo.

De acuerdo a su análisis, esta falla estructural, que se conecta con la desigualdad, pero que va más allá de eso, se ha expresado de tres maneras distintas.

Una es la violencia organizada, y con grupos que, sobre todo el primer viernes y sábado, atacaron lugares neurálgicos de la ciudad para impedir su funcionamiento y llegar incluso a desestabilizar la democracia.

Dos, una fricción entre una elite y una clase media cada vez más empoderada y con altas expectativas. ‘Esto sucede hace rato, tranquilamente diez años, pero a la elite le ha costado entenderlo y darse cuenta de que era algo que se estaba instalando y está vinculado con la desigualdad, pero que toma una forma precisa de tensión por la distribución de poder’. Un tercer factor se refiere a una suerte de promesa incumplida o de quiebre de un pacto social.

‘Operaba así: si usted se esfuerza, va a surgir; el esfuerzo paga, entonces ahorre en una AFP porque cuando se jubile tendrá una pensión más o menos equivalente al 70% de su último sueldo; vaya a la universidad o endéudese para que vayan sus hijos, porque cuando se titulen van a tener un buen sueldo para pagar el crédito; métase a una isapre… Bueno, cuando te das cuenta de que ninguna de estas promesas se ha cumplido -lo que no era evidente al principio, porque hubo que esperar que la gente se jubilara en el sistema de AFP o que los jóvenes salieran de las universidades -, entonces tienes personas que sienten que han hecho un esfuerzo y que se sienten orgullosas de eso, sólo que viven siempre al límite. A la vuelta de la esquina, porque te quedaste sin trabajo, porque te subieron las cuentas o porque tuviste que empezar a pagar la universidad, ya no puedes sostener lo que has ido construyendo. El sentimiento es, por un lado, me defraudaron, y, por otro, no doy más no más’.

-¿Lo que ha pasado no le sorprendió tanto entonces?

-No. Yo vengo hablando de esto hace por lo menos cinco años en los foros empresariales. Y esto se conjuga además con otra cosa, que es la ceguera y sordera de la elite, en ámbito público y privado, en la izquierda y en la derecha. A nivel empresarial, recién en los últimos dos años empezó a haber una percepción distinta, y movimientos como 3xi han ayudado en eso, pero ha sido lentísimo y empresas que hayan pasado de la sensibilización a estar haciendo cosas, son muy pocas. También la clase política tiene una responsabilidad muy grande porque se ha estado mirando hacia adentro todo el rato. La reforma de pensiones es un ejemplo de esa indolencia.

‘Lo que hay de fondo no son sólo medidas’

-¿Qué viene ahora?

-La violencia es algo que hay que parar en el cortísimo plazo, porque el orden es indispensable para que cada uno se desempeñe como quiera y ahí hay una labor de la autoridad. Después, en la tensión entre elite y clase media, ahí hay algo que viene sucediendo tenuemente y que tiene que ver con empatía, con cómo cada uno se entiende formando parte de una sociedad y que está con otros también en eso. Cuando uno compara sociedades, una de las cosas que llaman la atención de Chile es justamente la falta de empatía, de sentirse parte de algo más grande.

Lo tercero tiene que ver con esto que llamamos pacto social, y es de más largo plazo. Hasta ahora tenemos medidas que toma el Presidente -desde mi mirada, bien enfocadas-, pero claramente no se hacen cargo del sentir de la gente y entonces pasan de largo. Lo que hay de fondo no son solo medidas, sino la discusión de un modelo de desarrollo.

-¿Cómo se hace eso?

-Ese es el concepto del pacto social. Existe el temor de que el modelo no puede tocarse, porque si se toca se desarma. Yo creo que sí puede tocarse y no se va a desarmar. Es decir, sobre las bases que tiene, que son sólidas, pueden hacerse múltiples mejoras. Ahora, hay que estar dispuestos a conversar sobre esto.

Muchas de estas mejoras requieren más recursos, mejor distribución de esos recursos, pero otras tienen que ver con cómo la gente siente que el esfuerzo retribuye, una justicia retributiva. Esto tiene que hacerse a través de una conversación nacional. Tiene que haber un consenso y tenemos que estar dispuestos a ceder.

-¿Tiene que ver con la Constitución?

-No lo veo tanto de ahí, aunque indudablemente se puede mejorar en ciertos aspectos. Tiene que ver con modelo de desarrollo social y económico: qué significa un sistema de pensiones, una educación inclusiva, y uso esa palabra porque la evolución del modelo de desarrollo económico es hacia un modelo más inclusivo.

Esa palabra es clave. Y parte desde cómo te veo, cómo te entiendo, cómo me pongo en tus zapatos.

-Eso tiene costos.

-Claro que sí, por eso hablo de ceder. Esto no funciona si cada uno se queda en su mismo lugar.

Nuevo gabinete: ‘Su composición es crítica’

-¿Quiénes tienen que liderar esta transición?

-Los políticos tienen un rol fundamental insoslayable.

-¿Más que los empresarios?

-Mucho más. Eso no lo pueden hacer los empresarios. Y puede expresarse incluso en un gabinete de unidad nacional.

-Piñera ha anunciado medidas y también prepara un cambio de gabinete, ¿cómo lo evalúa?

-Lo que ha hecho Piñera en los últimos días me parece bien. Ha ido terminando gradualmente con las medidas excepcionales y pedirles la renuncia a todos los ministros es algo simbólico y efectivo: está diciendo que aquí viene algo que es profundo. Se podrá esperar uno o dos días, pero lo que es crítico es su composición: tiene que mostrar nuevas caras muy abiertas al diálogo desde la política, desde la ciudadanía y también necesita mantener un peso político importante en ministerios que son clave.

-¿Y respecto de las medidas que ha ido anunciando?

-Este no es momento de apresurarse con medidas económicas rápidas. Ya hizo un anuncio la semana pasada que a mi juicio fue un poco apresurado y pasó de largo.

En lugar de salir con medidas que pueden ser asistencialistas, paternalistas e incluso populistas, lo que tiene que haber es una convocatoria a una participación ciudadana: eso es lo que la gente quiere a través de las manifestaciones, no sale a la calle a pedir cosas, sale a hacerse parte de.

Hay necesidad de encuentro, de diálogo, de conectarse con otras realidades. Ese es un fenómeno que se está dando en la sociedad civil y hay que extenderlo. La labor fundamental del gobierno en los meses que siguen es ser capaz de convocar a un proceso del que ojalá todos se sientan parte. De eso van a ir surgiendo medidas que nos van a llevar a un nuevo pacto social, si se le quiere llamar así; un modelo evolucionado, que es otra forma de verlo también.

‘Nos aferramos demasiado a las recetas del pasado’

-¿Cuál es el rol de los empresarios en este escenario?

-Hay una pregunta que está en el trasfondo, que es cuál es el nivel de bienestar material al que Chile puede aspirar. Lo que ha ocurrido en la última década es que la productividad ha ido disminuyendo y si no aumenta, es difícil aspirar a un nivel de bienestar material mucho mayor del que tenemos hoy y, entonces, vamos a seguir en esta lógica de que no alcanza para pagar las cuentas. Vivimos con poca holgura. Sólo hemos tenido más cuando sube el precio del cobre, pero no por productividad.

Tenemos que sincerarnos y aquí es donde viene un rol importante del sector empresarial, porque la productividad tiene que ver con la forma de organizarnos en el trabajo. Tenemos una primera limitación que son las capacidades que existen en el capital humano chileno, educación, capacitación y eso naturalmente es de largo plazo, y un segundo aspecto que es cómo gestiono, y ahí están esos modos de organizarse de una empresa.

No es casualidad que todavía no haya suficientes emprendimientos potentes. Hay un Cornershop; en Argentina, hay diez, pese al desorden que tienen. Tenemos un empresario que sigue todavía en esta lógica verticalista, de orden, de eficiencia. Vienen momentos críticos, ¿y qué piensan en las grandes empresas? Cómo ahorro costos, en lugar de pensar en cómo innovo, cómo hago cosas distintas. Nos aferramos demasiado a las recetas del pasado, que fueron exitosas, además. No estamos dispuestos a perder, a arriesgarnos. Pero está empezando ese cambio.

-Decía que el modelo puede mejorarse y que no se va a desmoronar por eso, pero hay resistencia. ¿Cree que eso puede soltarse?

-La pregunta es si vamos a esperar una crisis total o esto lo empezamos a cambiar antes. Lo que hemos vivido es una crisis que puede transformarse en una crisis total, y esto es importante entenderlo.

Yo esperaría, y estoy viendo que empieza a ocurrir, que haya cada vez más empresarios dispuestos a darse cuenta de que cuestionarse ciertas cosas no es destruir las bases de lo que han construido. Lo que pasa es que en este país existe esto de haber sacralizado este modelo, entre otras cosas porque funcionó.

Ese es el problema del éxito, porque atrapa.

  • Este no es momento de apresurarse con medidas económicas rápidas, paternalistas e incluso populistas (…) lo que debe haber es una convocatoria a una participación ciudadana.
  • Pedirles la renuncia a todos los ministros es algo simbólico y efectivo, porque (el Presidente) está diciendo que aquí viene algo que es profundo

Revisa la columna completa aquí