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Jensen Hung: el hombre detrás de Nvidia – Diario Financiero

El “talibán” que llevamos dentro

Paula Figari
Carolina Yachan

Afganistán está viviendo el fracaso de lo que fue una intervención internacional para la seguridad mundial que tenía por objetivo capturar a la red de Al Qaeda, autores de los deleznables ataques contra Estados Unidos, el 11 de septiembre del 2001 (11-S). Supuestamente, durante 20 años, la coalición internacional logró dar cierta estabilidad y gobernabilidad, garantizando derechos básicos a sus habitantes, principalmente en Kabul, como el respeto a los Derechos Humanos y a los de la mujer. 

Sin embargo, ahora con la llegada del Talibán al poder existen serias dudas sobre la situación de la mujer en Afganistán. El nuevo régimen ha señalado que estas libertades civiles se respetarán. Pero, aún estamos lejos de conocer cuál será el verdadero rol de las mujeres en la sociedad. “El contexto afgano devela que no se pueden encontrar soluciones a los problemas de Oriente con mirada de Occidente y actualmente, son las minorías étnicas, religiosas y sexuales, además de las mujeres, las que comenzarán a vivir las consecuencias de perder seguridad y, posiblemente, los derechos mínimos que  lograron conseguir en dos década de presencia de Naciones Unidas en el país”, señala el doctor en Estudios Americanos de la USACH, Gonzalo Montaner.

 “Actualmente en la  ideología de los talibanes (Escuela Deobandi) los derechos de ellas emanan de una interpretación radical y reduccionista del islam, que las somete a un rol reducido y subordinado al hombre. Probablemente, es desde esa mirada donde se definen los derechos de las mujeres en el nuevo régimen afgano”, explica el académico. Pero, por más religiosa que sea una mujer afgana ¿tendrá opciones de escoger que  rol jugará al haber nacido en una sociedad dominada por una visión totalitaria?

Entonces nuestra pregunta como sociedad, con nuestras luces y sombras, debería ser ¿cómo es posible que aún existan comunidades donde la Edad Media sigue vigente para las mujeres?, y al mismo tiempo cuestionarse si en Occidente respetamos plenamente los derechos de la mujer. La dominación de lo masculino sobre lo femenino, no es sólo tradición musulmana radical. También se ha visto en el cristianismo, judaísmo y, sin ir más lejos, en los relatos fundacionales de nuestros selknam y su ceremonia del haim, por eso, se trata de una problemática global e histórica. En el mundo occidental se ha avanzado en la paridad de los roles y es dable señalar que una sociedad que evoluciona, es una donde las mujeres se han desarrollado con autonomía, autoridad y capacidad de influir.

En esta última década hemos visto esfuerzos desde el ámbito social, político, educacional, organizacional por aumentar la diversidad de género ya que entendemos que  trae grandes beneficios para enfrentar la complejidad de los desafíos actuales. Sin embargo, sigue siendo un reto a nivel mundial.

Numerosa bibliografía confirma, además, que la diversidad de género en los directorios y comités ejecutivos, trae como resultado una toma decisiones más ética, mayores utilidades y rendimiento del capital. Sin ir más lejos, en nuestro país de las 156 empresas de mayor patrimonio bursátil, solo el 11,9% de sillones en directorios son ocupados por mujeres. Es decir, de un total de 1.239 espacios disponibles, solo 148 son ocupados por mujeres.

En pleno siglo XXI ver el rol que sigue jugando la mujer en la sociedad sigue siendo desigual. ¿Es algo que viven las afganas o es algo que nos toca a todos como sociedad? Es burdo e ingenuo creer que una sociedad puede progresar sin hacer partícipe del proceso a una de sus partes más relevantes, más aún si esa parte –en este caso los talibanes– es opositora al cambio que se busca. Todo proceso de cambio profundo requiere involucrar, hacer parte, escuchar, abrirse a las diferencias, entender que habrán pérdidas y que estas deben ser adecuadamente distribuidas.

Al igual que las soluciones occidentales para los problemas afganos, muchos intentos de proyectos de inclusión de la diversidad (no sólo la femenina) se han quedado sin incorporar a los elementos claves para el desafío. Probablemente todos tenemos un “talibán” interior que evalúa, restringe y decreta según sus propias interpretaciones respecto a la inmigración, diversidad sexual o discapacidad física.

Por lo que, para generar un cambio, se requiere la participación de todos los involucrados. No es posible resolver un desafío sistémico, solo con una de sus partes. Sin más, es cosa de ir a algún evento en temas de género para ver que un 80% de los asistentes son mujeres y un 20% son hombres ¿qué pasa con todos esos otros hombres que no participan? ¿Cuánto cambio puede ir ocurriendo en sus mentes si no tienen exposición a nuevas preguntas y cuestionamientos? Si no es así, la reacción talibana es lo más fácil. El que las mujeres tomen el lugar que les corresponde en el mundo moderno es un cambio profundo que mueve las bases de la sociedad completa y para hacerlo requerimos de todos los integrantes de la sociedad. 

Nos impactamos con la realidad de las afganas, pero ¿qué hay de tu “talibán” interno y la inclusión de la diversidad de la realidad que te rodea?