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Cambio y Transformación: ¿por qué no son lo mismo?

Empresas modelo PC (Partido Comunista) – Diario Financiero

Juan Carlos Eichholz
Columna para Diario Financiero

Se acercan los 50 años del golpe de Estado y el Partido Comunista empieza a ser objeto obligado del debate. Desde luego contribuye a ello su rol en la salida del coordinador de la conmemoración de este aniversario, pero la discusión se extiende más allá, incluso con columnistas valorando su lealtad a Allende y su moderación de la época frente al radicalismo del PS y al obstruccionismo de la DC. Y ahora que Revolución Democrática está tan debilitada, no pocos destacan el soporte que el PC está significando para el Gobierno y el Presidente.

Más allá de las diferencias ideológicas que pudieren existir, no es raro, incluso, escuchar en círculos empresariales una suerte de admiración al PC como organización. Mal que mal, ¿qué dueño o gerente general no quisiera tener una organización disciplinada, bien clara en sus objetivos, que actúa estratégicamente, formadora de talentos, con un marcado sentido de pertenencia y una cultura sólida, y que además es perseverante y tiene mirada de largo plazo? En simple, una organización alineada. ¿Será ése, sin embargo, un modelo organizacional a seguir?

El Partido Comunista de Chile nace oficialmente en 1922, cuando el Partido Socialista Obrero decide adherirse a la Internacional Comunista formada por Lenin, haciendo propios los postulados del marxismo y de la revolución bolchevique, y cambiando su nombre. Estando la mayor parte de su historia en la oposición y en cuatro ocasiones en el oficialismo, el PC se ha mantenido siempre fiel a sus convicciones originales. Un siglo ha transcurrido y ahí está: firme, claro, unido y ejerciendo influencia en múltiples espacios.

¿Y cuál es el problema, entonces? Precisamente ése, estar en pleno siglo XXI y seguir anclado en la misma cosmovisión de antaño, a sabiendas, además, de los resonantes fracasos que esas ideas tuvieron en el siglo pasado. Es lo mismo que, en otro plano, les ocurre a no pocas empresas, que se han mantenido funcionando bajo los paradigmas de la era industrial, evadiendo los desafíos que trae la era digital.

¿Por qué pasa esto? En lo visible, porque no existen los mecanismos organizacionales que rompan la natural inclinación a mirarnos el ombligo. Eso parte por realmente querer entender al ciudadano o al cliente, y sigue por incorporar personas externas con otras miradas, permitir la discrepancia interna, controlar menos y confiar más, experimentar con otras posibilidades, y pensar antes que planificar y ejecutar.

En lo invisible, que el PC cambie supone, entre otras pérdidas, renunciar a una parte de su propia identidad, poner en riesgo sus lealtades con movimientos sociales y con otros partidos comunistas, dejar de adoctrinar a sus jóvenes y permitirles pensar más libremente. En suma, supone atreverse a cuestionar muchas de las bases sobre las que se funda su fortaleza como organización. Nada de fácil y, por lo mismo, difícil que ocurra.

Y no tan distinto, por cierto, de lo difícil que les resulta a esas empresas de la era industrial cuestionar sus modelos de negocio, dar espacio a las nuevas generaciones, promover la autonomía y la flexibilidad, tomar riesgos para innovar. En suma, atreverse a ir más allá de ese alineamiento modelo PC que las hizo triunfar en el pasado.