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Cambio organizacional con perspectiva freudiana 

La decisión de Andrónico Luksic – Diario Financiero

Juan Carlos Eichholz
Socio CLA Consulting y profesor UAI

A todas luces, un empresario de tomo y lomo, pero no uno tradicional, no uno que calce con el prototipo del empresario chileno. Si lo hiciera, sería difícil entender que a sus 69 años haya decidido renunciar a todos los directorios que tiene en Chile y de los que es actor protagónico. Como tampoco podría explicarse que se tomara un año sabático para subir el Everest, que pertenezca a una multiplicidad de redes internacionales, que no tenga un domicilio político claro y de derecha, que su educación primaria haya sido en Antofagasta y su pregrado universitario en Estados Unidos, que tenga una participación activa en Twitter, que no sea parte de los círculos empresariales más típicos en el país, que sus empresas y negocios se extiendan mucho más allá de Latinoamérica, que sus hijos sean ejecutivos y no directores, que sea oficial de reserva del Ejército y no de la Armada, en fin.

¿Pero qué lleva a Andrónico Luksic a dejar las empresas que dirige? En la misiva que explica su decisión habla de lo importante que es para quienes lideran empresas “reconocer el cumplimiento de los ciclos”, porque “igual que la sociedad, las compañías evolucionan y necesitan, a partir de su propia historia e identidad, continuar su senda, construir nuevos sueños y abocarse a alcanzarlos con toda la energía y el coraje que se requieran”. Estas palabras traslucen un entendimiento profundo de lo que significa hacer empresa y de cómo éstas deberían ser vistas como una suerte de ser vivo, con identidad propia, que va más allá de quienes las crean y dirigen.

Los empresarios que han hecho historia en el mundo son aquellos que forman empresas no para venderlas, sino para desarrollarlas, y que entienden que las organizaciones tienen una vida que va más allá de ellos. Si no saben cuándo dejar la primera línea, se terminan transformando en un cuello de botella para el desarrollo de sus empresas, impidiendo que vuelen con alas propias y que vengan nuevas ideas y renovada energía. Pero claro, soltar no es fácil, porque hay apego, pero también porque estar ahí otorga poder, control y visibilidad.

Hay algo más, sin embargo. Soltar puede ser difícil porque no se sabe qué más hacer en la vida. Es como los padres que se aferran a los hijos, aun cuando ya son adultos, porque no entenderían su existencia sin tenerlos al lado. Y aquí Andrónico Luksic parece entregar una clave fundamental, porque los ciclos de los que habla no son sólo los ciclos de las empresas, sino los ciclos personales. Es claro que, a sus 69 años, si bien la vida puede estar aún lejos de terminar, hay un ciclo que ha llegado a su fin y que exige coraje cerrar, que es lo que hace. Por lo que ha sido su vida, es fácil intuir que hay muchos otros intereses que han sido postergados y que buscan tener su espacio; hay un sentido de propósito que incluye dirigir empresas, pero que va más allá.

Lo que deja de manifiesto Andrónico Luksic al tomar esta decisión es que se ha atrevido a plantearse las preguntas difíciles de la vida en lugar de seguir en piloto automático. Y que si puede tomar esta decisión es porque a lo largo de los años, junto con su hermano Guillermo y desde la formación en 1999 del llamado dream team, fue dotando a sus empresas del principal activo sobre el cual ellas pueden desarrollarse: talento ejecutivo.