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Cambio organizacional con perspectiva freudiana 

Mujeres en minería: el impacto de las cuotas de género

Paula Figari 
Experta en Inclusión y Diversidad

Más de una vez me he encontrado convenciendo a una mujer de sus competencias para estar en su puesto de trabajo. Las tan cuestionadas cuotas de género no pasan desapercibidas por la autoestima, menos en la industria de la minería, donde los hombres han sido dueños de ese terreno por décadas. Para algunos,  las cuotas tienen poco sentido y son asociadas a la falta de experiencia y de competencias técnicas de algunas mujeres debido a que, para la mayor parte de los cargos, se solicita al menos 4 años de experiencia. Pero, como decía uno de ellos en una reciente conversación ¿cómo van a tener experiencia si muchas recién vienen entrando al mercado laboral? 

La ministra de Minería, Marcela Hernando, declaró al Diario Financiero que “si bien ha existido un aumento en la incorporación de las mujeres en la industria, la brecha que existe aún es muy amplia. Este es un desafío permanente que tiene el sector minero y esperamos que de aquí a 2030 alcancemos un 30% de participación femenina”.

A esta declaración se suma la meta del 35% de mujeres que Codelco se propuso para el 2027, y del 30% de Antofagasta Minerals (AMSA) para el 2025. Ambas metas lo suficientemente agresivas para generar revuelo e impactar sistémicamente a la industria, trayendo a la palestra la relevancia de actualizar la gestión del talento, adaptarse a las nuevas formas de trabajo y a la gestión de la diversidad e inclusión. 

Si bien las cuotas son una puerta de entrada para alcanzar mayor equidad, no siempre son percibidas de esa manera: a veces tienen el efecto contrario y se les considera una acción “discriminatoria” en contra de los hombres o en contra de la experiencia y el conocimiento.  Pero,  ¿para qué son las cuotas y qué desafíos se desprenden de ellas?

En primer lugar, está la equidad, que busca equiparar las oportunidades entregadas a hombres y mujeres en el trabajo con el intento de “nivelar la cancha”. Se desprende de lo anterior el desafío de la diversidad, ya que al ingresar mujeres, los equipos pasan a ser diferentes, aportando una nueva mirada en una industria dominada por la masculina. Y finalmente, en las capas más profundas, el desafío de la inclusión, que invita a aprender a trabajar juntos con respeto y valoración mutua en un ambiente donde una mirada diferente no tenía cabida.

Para poder vivir en un ambiente donde las diferencias coexistan, es necesario que aprendamos algunas cosas en el camino que, por cierto, no son nada fáciles. 

Por lo tanto, ¿qué necesitamos aprender? (y pido disculpas a otras identidades de género, pero me focalizaré en hombres y mujeres, consciente de que la diversidad sexo-génerica no está siendo abordada).

Hombres: ábranse con generosidad, curiosidad y valentía a tener compañeras, jefas, subalternas en el día a día. Escuchen nuevas formas de enfrentar  los problemas, pregunten lo que no se entienda, validen que hay otras formas y que una mirada distinta puede enriquecer el ambiente laboral. Sólo desde ahí podrán darse dinámicas de trabajo donde se pueda vivenciar el valor que trae la diversidad. 

Mujeres: saquen la voz, pongan su mirada al servicio, crean en sí mismas y en el valor que aportan gracias a su mirada femenina. Empodérense y conecten con su sabiduría y fuerza interior para sostener el objetivo, con la conciencia de que están abriendo el camino a una minería más diversa e inclusiva. Sientan el orgullo de ser puntas de flecha para tantas otras mujeres y minorías que, gracias a ustedes, podrán tener un espacio en la minería. 

El desafío está recién comenzando: recién el año 1996 se derogó la ley 18.620 que impedía a las mujeres trabajar en las minas. Son sólo 27 años de un movimiento distinto para una industria de mucha estabilidad, sin duda los años más duros. Lo esperanzador es que, cuando se logra el 30% de representación, las minorías pueden desplegarse, sacar la voz y hacerse escuchar, lo que repercute en equipos más creativos, innovadores, de mejor clima laboral, mayor seguridad y mejores resultados. 

Las cuotas son el primer paso para la equidad, lo demás depende de ti.