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Cambio organizacional con perspectiva freudiana 

Sebastián Piñera: “¿por qué no?” – El Mercurio

Juan Carlos Eichholz
Columna para El Mercurio

Tuve el privilegio de trabajar muy de cerca con Sebastián Piñera durante los años ’90, en su época de senador, yo recién egresado de la universidad. Muchos recordarán que en esos tiempos él solía recurrir a frases de diversos personajes históricos para ilustrar sus ideas. Una de las que más le gustaban, pronunciada por Robert Kennedy pero acuñada antes por Bernard Shaw, rezaba así: “Hay quienes ven las cosas como son y se preguntan por qué. Yo sueño con las cosas que no son y me pregunto por qué no.” 

El correr de los días ayuda, pero lo cierto es que desentrañar la figura de Sebastián Piñera no es fácil, pues fue un hombre multifacético y movido por muchas pasiones, aunque quizás esta frase entregue pistas importantes para entenderlo y encontrar un hilo conductor, algo que permita conectar los innumerables puntos que marcaron su vida. Y, particularmente, entender en qué consistió su liderazgo.

Preguntarse “por qué no” llevó siempre a Sebastián Piñera a desafiar los límites. Por lo mismo, no debería causar extrañeza que la canción escogida para su entierro haya sido “El sueño imposible”, del Hombre de la Mancha. ¿Por qué no puedo ser el mejor alumno de Harvard? ¿Por qué no puedo ser dueño de una línea aérea o de un canal de televisión? ¿Por qué no puedo ser de familia DC e inscribirme en un partido de derecha? ¿Por qué no puedo modernizar el sistema notarial? ¿Por qué no puedo votar a favor de la destitución de un ministro corrupto de la Corte Suprema aun cuando mi sector no lo haga? ¿Por qué no puedo ser hincha de la Católica y accionista de Colo Colo? ¿Por qué no puedo volar en parapente? ¿Por qué no puedo jugarme por rescatar a 33 mineros enterrados? ¿Por qué no puedo sentarme en la silla de Obama? ¿Por qué no puedo conseguir que las primeras vacunas lleguen a Chile? ¿Por qué no puedo ser Presidente de la República dos o más veces?

La mayor parte de las personas simplemente diría que no es posible o que no corresponde. Sebastián Piñera respondió, una y otra vez, que sí era posible, y lo hizo. Por lo mismo, su vida no transcurrió de un modo placentero o tranquilo. Si se quiere desafiar el statu quo hay que estar dispuesto a enfrentar las resistencias que eso genera, y vaya que él las generó. Porque lo suyo no fue luchar contra molinos de viento, sino que contra la realidad misma, esa terca realidad que se niega a cambiar, que está llena de dogmatismos e intereses y que poco entiende de razones. 

Se ha dicho que, como Presidente, Sebastián Piñera será especialmente recordado por la reconstrucción y por la pandemia, en las que exhibió sus grandes dotes de gestión, anticipando, organizando e imprimiendo sentido de urgencia. Es cierto que eso resulta ser lo más visible, y que difícilmente alguien podría haberlo realizado mejor. De hecho, Chile tuvo la fortuna de tenerlo a él como Presidente en esas dos calamidades que nadie esperaba.

Sin embargo, el liderazgo de Sebastián Piñera tuvo mucho más que ver con el “por qué no” que con la buena gestión, con desafiar los límites que con ser eficiente y efectivo. Si llegó a ser Presidente fue porque logró cambiar el rostro de la derecha, cortando el cordón umbilical con el régimen militar y con la oligarquía. Si el 18 de octubre no desembocó en una lucha fratricida y sangrienta fue porque optó por una salida democrática y no por el uso de la fuerza militar, desafiando la inclinación de su sector. Si se jugó por el matrimonio igualitario fue porque no encontró razones para discriminar a las personas homosexuales, aun cuando su propio credo religioso sí lo hacía. 

Desafiar los límites de lo que parece posible o apropiado es la esencia del liderazgo, pero eso supone ser valiente y tomar riesgos, porque habrá muchos quienes querrán seguir jugando dentro de esos límites –por comodidad, conveniencia o convicción–, y que harán lo que esté a su alcance para oponerse a tales cambios. Sebastián Piñera fue valiente, tomó riesgos y enfrentó una dura resistencia, proveniente de una vereda y de la otra. ¡Qué duda cabe! Y es bueno que hoy se valore.

También es cierto, sin embargo, que a veces exageró, que quiso desafiar demasiados límites a la vez y que eso le restó fuerza y foco para dar las batallas más importantes. Le costó aceptar que debía haber una separación tajante entre negocios y política, que a veces es necesario cocinar a fuego lento y sin tanto apuro, que las formas también importan, y que las personas no responden solo a buenos argumentos. 

Al final, todos tenemos nuestras luces y nuestras sombras. Una gran luz de Sebastián Piñera fue ese inconformismo que lo llevó siempre a preguntarse “por qué no”. Pero como suele ocurrir, la sombra aparece cuando la luz se exagera, y quizás parte de lo que él mismo fue aprendiendo a lo largo de los años fue que pretender desafiarlo todo podía no ser el mejor camino. Por lo mismo, quedará siempre abierta la pregunta de cómo él podría haber seguido aportando al país, pero también quedará el reconocimiento de que, a pesar de las esperables resistencias que generó, su entrega fue genuina y completa.